Nancy no es una ciudad de provincias francesa cualquiera. Como antigua residencia de los duques de Lorena y posterior dominio de Estanislao Leszczynski, rey de Polonia en el exilio, la ciudad posee un carácter monumental fuera de lo común. Aquí, murallas medievales, urbanismo ilustrado del siglo XVIII y audacia artística de principios del siglo XX se funden de manera natural. Todo aquel que pasee por Nancy percibe al instante la profunda huella que monarcas y artistas han impreso en el trazado urbano.
De fortaleza medieval a ducado soberano
Para comprender la riqueza histórica de Nancy, la narración arranca con la lucha por la independencia de Lorena. En el límite septentrional del casco antiguo, la Porte de la Citadelle recuerda aquellos tiempos convulsos. Esta imponente puerta, dotada de robustos torreones defensivos y recias aspilleras, fue levantada a finales del siglo XVI bajo el mando del duque Carlos III para proteger el acceso norte a la ciudad fortificada. Es una de las escasas fortificaciones preservadas de aquel periodo bélico.
No muy lejos de allí, la estatua pétrea del duque René II de Lorena domina la plaza. Desde lo alto de su pedestal, el duque evoca los hechos de enero de 1477, cuando selló el destino de Lorena al frenar definitivamente el avance del Estado borgoñón, garantizando así la soberanía de la ciudad. La región dio origen a otros protagonistas legendarios: junto a la basílica de Saint-Epvre se alza la enérgica estatua ecuestre en bronce de Juana de Arco, obra del escultor Emmanuel Frémiet. La heroína gala nació en la vecina Domrémy y recorrió estas tierras en su célebre expedición hacia Chinon.
Sin embargo, el vestigio tangible más antiguo reposa entre las tranquilas calles residenciales que rodean la Tour de la Commanderie Saint-Jean-du-Vieil-Aître. Esta torre cilíndrica de arenisca data del siglo XII y formó parte de una encomienda dedicada a cobijar a enfermos y peregrinos en tránsito. Es la construcción en pie más antigua de Nancy.
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El eje del siglo XVIII de Estanislao Leszczynski
Durante el siglo XVIII, Nancy experimentó una profunda metamorfosis bajo la dirección del duque Estanislao Leszczynski. De la mano del arquitecto cortesano Emmanuel Héré, diseñó un ambicioso plan urbanístico con el propósito de conectar de forma armoniosa la ciudadela medieval con la flamante ciudad baja. La Porte Stanislas marca esta transición. Con sus monumentales columnas dóricas, Héré conseguía que los viajeros sintieran de inmediato que se adentraban en una residencia real.
El auténtico corazón de esta remodelación es la Place Stanislas. Sobre su claro enlosado, las célebres rejas de hierro forjado de Jean Lamour capturan la luz del sol con destellos de pan de oro. Enmarcada por el ayuntamiento y pabellones de rigurosa simetría, la plaza constituye uno de los conjuntos barrocos más perfectos del planeta. Desde aquí, la perspectiva continúa por un eje monumental hacia la Place de la Carrière. Donde antaño se celebraban torneos de caballeros, Estanislao mandó trazar una distinguida alameda flanqueada por palacetes clasicistas y cuatro hileras de plátanos de sombra. Este paseo culmina frente al Palais du Gouvernement, antaño residencia del gobernador que supervisaba la plaza en nombre del monarca francés. Su frondoso jardín trasero, con senderos de gravilla que crujen bajo añosos árboles, figura entre los rincones más apacibles del casco urbano.
Algo más al este, Héré proyectó la Place d'Alliance para honrar el Tratado de Viena de 1756 suscrito entre Francia y Austria. La fuente central concebida por el escultor Paul-Louis Cyfflé y el dosel de árboles generan una atmósfera barroca sumamente íntima. En el extremo del amplio Cours Léopold, este soberbio eje queda rematado por la Porte Désilles. Este arco triunfal neoclásico, engalanado con relieves de batallas, fue rebautizado con el tiempo en honor al joven oficial Désilles, caído durante los enfrentamientos de 1790.
Motivos vegetales y geometría
Nancy continuó marcando tendencia en torno a 1900, cuando la vanguardia artística local tomó la naturaleza como referente para el desarrollo del Art Nouveau francés. El Musée de l'École de Nancy, ubicado en la antigua morada del mecenas Eugène Corbin, refleja a la perfección este movimiento. Motivos de helechos trepan por las fachadas y las vidrieras abiertas al jardín moldean suavemente la luz natural. En su interior, la colección muestra cómo la ebanistería y la maestría vidriera revolucionaron las artes decorativas.
El salto hacia estilos modernos posteriores se aprecia con nitidez en el Muséum-Aquarium de Nancy. Mientras que la galería inferior revela la fascinante vida marina, la monumental sala superior exhibe las líneas geométricas características del Art Déco de los años treinta. De esta manera, un paseo por Nancy recorre no solo la historia de reyes y duques, sino también el amanecer vanguardista del siglo XX.
Los lugares destacados en este artículo constituyen solo un fragmento de lo que aguarda al visitante en Nancy. Al realizar el recorrido guiado con la aplicación CityWalkGems, descubrirás datos históricos complementarios, apasionantes relatos y acertijos interactivos que desvelarán los mayores secretos de esta noble villa ducal.
- 12 paradas
- Musée de l'École de Nancy inicio
- ~5,3 km longitud
- ~951 m tramo más largo
- aprox. 2–2,5 h duración
- Gratis

