En la costa occidental de Estonia se encuentra Haapsalu, una apacible ciudad costera cuya fama se debe a las aguas poco profundas de sus resguardadas bahías y al fango mineral de sus fondos marinos. Durante siglos, los pescadores y artesanos marcaron el pulso de la vida cotidiana, pero en el siglo XIX el lugar se transformó en un distinguido refugio para zares, nobles y célebres artistas. Quien recorre Haapsalu en un paseo urbano descubre una asombrosa superposición histórica: desde un castillo episcopal del siglo XIII hasta una regia estación de tren de principios del siglo XX.

Lodo curativo y paseos imperiales junto a Tagalaht
El auge de Haapsalu como balneario internacional comenzó a principios del siglo XIX gracias al médico local Carl Abraham Hunnius. Tras examinar los lodos costeros, determinó que poseían notables propiedades terapéuticas para aliviar dolencias reumáticas. Su pionera labor clínica desencadenó una profunda transformación: la soñolienta aldea de pescadores se convirtió en un glamuroso destino para la alta sociedad de San Petersburgo y Moscú. En el parque ribereño, un monumento rinde homenaje a Hunnius, justo en un rincón donde la brisa marina se funde con el verdor de los árboles.
Poco después, se levantó un elegante paseo junto a la orilla. En las escalinatas de la rambla (Promenaadi trepistik), familias de zares y poetas paseaban con trajes de lino y vestidos de encaje mientras disfrutaban de la brisa marina. Por aquel entonces, las amplias gradas brindaban acceso directo al agua, ofreciendo vistas al cercano Kuursaal de madera. En esta misma orilla se erige el banco de piedra de Chaikovski (Tšaikovski Pink). En el siglo XIX, la aristocracia rusa acudía en masa a esta bahía en busca de baños termales. Fue aquí, a orillas de la bahía de Tagalaht, donde las gaviotas planean a ras del agua, donde el compositor Piotr Ilich Chaikovski halló el sosiego necesario para componer su primera ópera.
Un poco más adelante, el muelle de Haapsalu (Haapsalu muul) se adentra en la bahía como un largo dedo de piedra. Este espigón de cantos rodados y piedras de campo servía antiguamente de embarcadero para los vapores que transportaban bañistas desde San Petersburgo y Tallin. Hoy en día, el dique se ha convertido en un apacible sendero peatonal donde las golondrinas ribereñas y los caballitos del diablo revolotean sobre las rocas soleadas.
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Un baluarte episcopal y raíces suecas
El núcleo histórico de la ciudad es el castillo de Haapsalu. A partir del siglo XIII, este baluarte fue la sede de los príncipes-obispos de Saare-Lääne. La fortaleza estaba protegida por profundos fosos y colosales murallas de piedra caliza que rodeaban un amplio patio de armas. En la capilla del castillo pervive desde hace siglos la leyenda de la Dama Blanca, una aparición fantasmal que, según la tradición popular, asoma a la ventana cada luna llena de agosto. Desde el bastión elevado del castillo se divisan los tejados del casco antiguo hasta alcanzar el mar Báltico; antiguamente, los vigías oteaban desde allí la aproximación de flotas enemigas en tiempos de la Confederación de Livonia.
Muy cerca del parque del castillo se revela un relato histórico totalmente distinto. En una calle tranquila con marcos de ventanas de vivos colores, la ilustradora Ilon Wikland pasó su infancia junto a sus abuelos. Las casas de madera y las callejuelas serpenteantes de Haapsalu formaron la memoria visual que se llevó consigo al huir por mar hacia Suecia en 1944. Esos recuerdos se convertirían más tarde en el entrañable escenario de sus célebres ilustraciones para los cuentos de Astrid Lindgren.
Los lazos con Suecia están profundamente arraigados en la comarca. A orillas del agua, el Museo de los Suecos de la Costa (Rannarootsi muuseum) rinde tributo al patrimonio de esta comunidad. Durante generaciones, estos pescadores habitaron la bahía manteniendo vivas sus propias costumbres y dialectos, hasta que prácticamente toda la población se vio obligada a huir durante el fatídico año bélico de 1944. Los embarcaderos de madera junto al museo recuerdan con nostalgia aquel pasado marinero.
Puestos de mercado y un andén imperial cubierto
Al caminar hacia el interior en dirección al antiguo nudo ferroviario, se pasa por el mercado de Haapsalu (Haapsalu turg). En este animado punto de encuentro, los vecinos de toda la península se reúnen para comerciar con productos frescos de la tierra. Entre los puestos flotan los aromas a pescado ahumado, arándanos silvestres, rebozuelos y eneldo, complementados con tarros de miel local y manoplas de lana tejidas a mano.
Justo al lado del mercado se encuentra el Museo del Ferrocarril y las Comunicaciones, ubicado en la histórica estación de Haapsalu. El complejo ferroviario se construyó en 1905 con un requisito excepcional: el tren imperial del zar debía poder detenerse completamente bajo techo para que la comitiva real pudiera desembarcar sin mojarse. La estación llama la atención por sus exquisitas tallas de madera y sus suaves tonos pastel a lo largo de un andén cubierto de longitud vertiginosa. En las vías descansan antiguas locomotoras de vapor que rememoran los albores de la era ferroviaria en el oeste de Estonia.
Los lugares descritos aquí son solo una muestra de todo lo que esta joya costera tiene para ofrecer. Entre fortalezas de piedra caliza, cañaverales repletos de aves acuáticas y calles decimonónicas flanqueadas por casas de madera, aguardan incontables historias y rincones singulares. Si deseas realizar este recorrido completo por tu cuenta, con acertijos interactivos y secretos fuera de las rutas habituales, accede al itinerario guiado de Haapsalu en la aplicación CityWalkGems.
- 12 paradas
- Rannarootsi muuseum inicio
- ~5,0 km longitud
- ~860 m tramo más largo
- aprox. 2–2,5 h duración
- Gratis

