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Paseo entre riscos calcáreos, patrimonio real y el Támesis en Windsor

Sobre un escarpado risco de creta que se alza sobre el río Támesis se recorta una silueta que lleva casi mil años definiendo el paisaje inglés. Windsor no es una simple villa provincial: es un enclave donde la historia británica se respira a cada paso. Nacido como una modesta fortificación de madera bajo Guillermo el Conquistador, el castillo se transformó en el palacio real habitado de forma ininterrumpida más antiguo de Europa. Quien emprende un recorrido a pie por Windsor descubre enseguida que aquí el pasado no se encuentra encerrado entre cerrojos, sino que fluye con naturalidad por parques frondosos, muelles y las calles que bordean la fortaleza.

Mil años de poderío monárquico en Castle Hill

El núcleo de la ciudad lo conforma Windsor Castle, donde sucesivas generaciones de reyes transformaron y ampliaron murallas y baluartes según sus gustos y necesidades. Al subir por Castle Hill, da la bienvenida la estatua de la reina Victoria, labrada por Joseph Edgar Boehm en 1887 con motivo de su jubileo de oro. La soberana, sentada con cetro y orbe, rememora aquella época en que, tras la muerte del príncipe Alberto, pasaba tanto tiempo en la fortaleza que comenzó a ser llamada «la viuda de Windsor».

Tras los muros del castillo aguardan dos obras maestras de naturaleza muy distinta. Por un lado, Queen Mary's Dolls' House constituye un derroche inigualable de virtuosismo artesanal. En la década de 1920, el arquitecto Edwin Lutyens colaboró con más de mil quinientos artífices para crear esta perfecta casa en miniatura. En ella todo funciona: el agua caliente mana de pequeños grifos, la biblioteca atesora volúmenes redactados expresamente para la ocasión y en la bodega reposan diminutas botellas con auténtico vino añejo.

Por otro lado se levanta St George's Chapel, cumbre del gótico perpendicular inglés. Por encima de la sillería de roble de los Caballeros de la Jarretera se extiende una imponente bóveda de abanico labrada en piedra. Bajo las losas de esta capilla descansan monarcas que marcaron el devenir del reino, entre ellos Enrique VIII y Carlos I.

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De avenidas reales milimétricas a los vergeles populares

Desde el flanco sur del castillo se abre una de las panorámicas más célebres de Inglaterra: The Long Walk. Esta avenida rectilínea de cuatro kilómetros de longitud fue trazada en el siglo XVII por mandato del rey Carlos II. Hoy en día, la hilera de árboles cruza el terreno alomado del Great Park, mientras la fachada de la fortaleza continúa alzándose en la lejanía como un colosal telón de fondo sobre el horizonte.

Muy cerca de allí, el tapiz vegetal de Bachelor’s Acre muestra una vertiente muy distinta del pasado local. Durante centurias, este terreno comunal situado a espaldas del comercio perteneció a los vecinos de a pie, quienes celebraban ferias y donde los arqueros entrenaban su puntería. Actualmente es una apacible pradera urbana donde juegan los niños y donde se recuerda con afecto el día a día de la familia real.

Vida junto a la orilla y al otro lado del río

Hacia el norte del casco urbano, Windsor sale al encuentro de las aguas del Támesis. En lo que antaño fueron praderas pantanosas se diseñaron a finales del siglo XIX los victorianos Alexandra Gardens. Entre parterres floridos y céspedes cuidados, se aprecian las barcas de remos deslizándose sobre el agua. Muy cerca, las Diamond Jubilee Water Fountains, concebidas en 2012 para conmemorar las seis décadas de reinado de Isabel II, recuerdan el vínculo secular entre la corona y la ciudad fluvial; los caminantes buscan allí un respiro fresco entre sus chorros en los días más calurosos.

Esa preocupación por el agua y los servicios públicos también queda patente en el centro histórico. En High Street se conserva una fuente pública monumental del siglo XIX. Antes de que benefactores hicieran llegar agua corriente potable y gratuita, los habitantes y los animales de tiro dependían del agua turbia del río; la fuente simboliza la llegada de la higiene pública victoriana.

Al cruzar el Támesis hacia la vecina Eton, el ambiente se transforma de inmediato. Aquí se encuentra, entre otros atractivos, el Museo de Historia Natural de Eton College. Desde 1875, profesores y alumnos del célebre colegio reunieron decenas de miles de fósiles singulares, aves disecadas y esqueletos históricos en vitrinas de madera noble: un sugerente contrapunto científico a la magnificencia regia que domina la otra orilla.

Este artículo apenas desvela una pincelada de cuanto se esconde a orillas del Támesis y alrededor del recinto amurallado. A lo largo del recorrido completo descubrirás muchos más monumentos ocultos, pasadizos con historia y fascinantes relatos locales. Si deseas explorar Windsor a tu propio ritmo y descubrir todos sus secretos, descarga la ruta a pie en la app CityWalkGems y ponte en marcha.

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